Hay jugadores que, aunque no llegan a la final, logran lo que pocos: quedarse en la conversación pública, marcar un antes y un después en el juego, y tocar fibras emocionales de la audiencia. En Gran Hermano Argentina 2025, cuatro nombres sobresalieron por fuera del podio: Juan Pablo “Devi”, Chiara, Luciana y Brian. Cuatro historias distintas, unidas por un mismo legado: la autenticidad.

Juan Pablo “Devi”: el estratega emotivo.

Devi fue una de las mentes más activas del juego. Supo leer el encierro como pocos y construir una narrativa de crecimiento personal que lo alejó del estereotipo del «manipulador frío». Desde sus primeros días sorprendía al público por su manera de fracasar graciosamente ante los obstáculos de la competencia y afrontarlos con carisma, humor y por momentos ternura.

Además desarrollo una mejor versión de si mismo tanto para el adentro como para el afuera de la casa.Lo que hizo único a Devi fue su capacidad para combinar racionalidad y emoción sin parecer contradictorio. En un ambiente donde la dureza suele cotizar alto, él eligió la empatía. Su salida fue un golpe fuerte para el juego y para el público, pero también lo convirtió en un referente de que se puede jugar fuerte sin deshumanizarse.

Chiara: el huracán sensible.

Chiara no pasó desapercibida ni un solo día. Joven, visceral y con una energía que oscilaba entre la dulzura y la tormenta, fue uno de los personajes más intensos de esta temporada. No tuvo medias tintas: amó con fuerza, discutió sin filtros, discutió mucho, lloró sin esconderse. En un formato que muchas veces premia el autocontrol, Chiara fue pura expresión.

Su relación con el entorno estuvo marcada por las emociones: generó vínculos profundos, como por ejemplo con Ulises, participante finalista, pero también confrontaciones memorables. Su sinceridad absoluta fue tanto su virtud como su punto débil. Pero nadie puede decir que fue falsa o calculadora. Chiara entró como una más y salió como un fenómeno emocional. En redes, incluso después de su eliminación, siguió siendo tendencia.

Luciana: una voz trans que hizo historia.

Luciana, mujer trans nacida en Santa Cruz, se convirtió en una figura histórica de la televisión abierta argentina. Su sola presencia en la casa ya fue un gesto disruptivo. Pero además, supo hablar de su identidad, sus luchas y su recorrido sin caer en lugares comunes. Mostró orgullo, sensibilidad y una enorme capacidad de integración.

No pidió tolerancia: exigió respeto. Y se ganó el cariño de sus compañeros por su autenticidad. Su paso breve pero contundente encendió debates en redes y medios, y visibilizó realidades aún marginadas. No fue una “jugadora” en términos estratégicos, pero sí una referente social y cultural. Luciana no solo jugó: representó.

Brian: el vendedor de verdades incómodas.

Brian llegó desde San Martín con una historia de calle, laburo duro y desparpajo. Vendedor ambulante, criado en la cultura del aguante, trajo consigo un estilo frontal que incomodó tanto a sus compañeros como a parte del público. Sin embargo, su honestidad brutal también fue su marca registrada.

Sin saberlo, Brian encarnó una versión auténtica del «anti GH»: no medía sus palabras, no fingía modales, no buscaba agradar. Fue crudo, contradictorio, intenso. Pero fue real. Muchos lo criticaron por su estilo confrontativo, pero otros lo aplaudieron por visibilizar una realidad de la que poco se habla en la televisión: la marginalidad sin maquillaje.

Estos cuatro participantes —Devi, Chiara, Luciana y Brian— representan distintos modos de estar en el juego y en el mundo. Desde lo estratégico hasta lo emocional, desde la militancia hasta el realismo duro. Ninguno llegó a la final, pero todos ganaron algo más duradero que un premio: el respeto, la memoria y el debate.

Gran Hermano 2025 los despidió en distintas etapas, pero su eco sigue sonando fuerte. Porque cuando alguien se muestra de verdad, más allá del juego, deja algo que trasciende: deja historia