El día martes partí junto a mis compañeros ¸desde el mercado municipal, rumbo al puerto de bahía blanca. Luego del viaje de unos 20 minutos llegamos, donde fuimos recibidos por Carolina Piangatelli, del área de Secretaria general, que era la encargada de mostrarnos y explicarnos todo el lugar.

La temperatura  era menor en comparación a la de la ciudad debido a estar próximos al mar y corría un fuerte viento lo que dificultaba un poco la charla. Para iniciar nos mostró donde estaban los barcos remolcadores que son los encargados de traer los buques  desde la curva, hasta el muelle, cuentan con hasta 25000(kw) de fuerza lo que les permite acarrear grandes buques enlazándolos en proa y en propa.

El puerto cuenta con una profundidad de 12,80 metros aproximadamente, dependiendo de la plea mar y baja mar que varía en 3,5 metros  lo que permite que ingresen buques de alto calibre como los panamax.

Nos dirigimos hacia el muelle donde se encontraban cargando un barco con cereales, el aire se llenó de polvillo y el olor característico, las palomas terminaban de completar el ambiente. Mientras el remolcador partió a buscar otro buque.

Hoy en día el movimiento portuario ronda las 27 millones de toneladas anuales de cereales, lo que genera un gran ingreso para la ciudad, el puerto cuenta con una superficie total de 638 hectáreas, cerca del triple de 20 años atrás.

Ademas de lo mencionado el puerto recibe petróleo que abastece a todo Buenos Aires con unas tuberías que desde Puerto Rosales llegan a capital, donde luego se procesa en las refinerías y es la salida del polo petroquímico  otro gran sustento de la ciudad.

La profundidad que tiene lo hace el puerto más importante del país, debido a que los barcos provenientes de todo el mundo de gran calado tengan la obligación de pasar por este puerto antes de dirigirse hacia sus destinos finales. En una economía sostenida por el agro produce que este constantemente en crecimiento y sea un pilar del país.

Desde el año 1999, cuenta con un sistema de control de tráfico de embarcaciones lo que lo hizo pionero en América Latina, y ahí nos dirigimos.

Fuimos recibidos por Julian Harari, que luego fue sustituido por Martin Videla, que son los encargados del monitoreo, ambos cuentan con formación profesional marítima y experiencia en navegación.

La sala está funcionando las 24 hs los 365 días, se encarga de monitorear a través de radares ubicados estratégicamente en Puerto Rosales y en la Base de infantería marina para la cobertura del canal de acceso a fondeaderos interiores, monoboyas y zonas portuarias situadas en la ria.

Desde ahí se comunican con los remolcadores y demás sujetos involucrados en el ingreso o egreso de buques, para que las operaciones se hagan sin ningún imprevisto, además monitorean las tareas de dragado y manejan toda la información portuaria y marítima.

Julián mientras nos explicaba su trabajo, veía en las pantallas, por cámaras ubicadas en los silos, como regresaba con un buque, el remolcador que habíamos visto partir anteriormente.

Era un panamax tenía 10 metros de calado y traía 40 mil toneladas de carga, e iba a sumar unas 20 mil toneladas más, este provenía de Malta según su bandera. La carga iba a tardar 24 horas aproximadamente.

Al ser consultado Martin si el puerto generaba algún tipo de contaminación dijo que no, mas allá de la remoción que se hace al dragar,  ”toda actividad humana en el medio genera consecuencias, pero según los estudios de impacto ambiental no genera un gran problema”.

Luego de más de una hora de charla nos despedimos, nos obsequiaron una revista del puerto, una mochila y una lapicera, nos tomamos el colectivo y regresamos a la ciudad, sabiendo más acerca de lo que genera el puerto y lo vital que es para la ciudad.

 

Tomas Acosta.