Freddy Chatelain tiene 68 años y vive en Cutral Co, una localidad de la provincia de Neuquén. Es dueño de una historia preciosa y que reivindica la famosa frase de «el que quiere, puede».

Con 7 años comenzó su fanatismo por los autos, por el gran (Juan Manuel) Fangio, y el Turismo Carretera.

«Fierrito», como le dice su familia, ya empezaba a juntar las primeras monedas para comprar las entradas y poder ver a su amada escudería Ford. 

Su madre, Miriam Benavides, apoyaba el hobbie de Freddy. Si bien el dinero no alcanzaba para comprar el juguete del momento, ella tenía la palabra exacta para no apagar su pasión.

«Fierrito, no tenemos plata para el autito de metal, pero si querés podés hacerte uno de madera», solía decirle. 

Ella era dueña de un bar y con solo 12 años comenzó a ayudarle.

Con sus autos de madera y la ilusión intacta, el bar de la familia se venía abajo y la economía era escasa. Pero según cuenta Freddy, «mamá era capaz de quedarse sin comer para comprarme los rulemanes para las ruedas».

Con 17 años, Freddy dejó sus estudios para ayudar en el bar y comenzó a ser mesero de tiempo completo, recibiendo propinas del barrio.

Ahorrando moneda por moneda, al año siguiente, y con el fin de festejar los 18 años de Fierrito, Miriam juntó en una hucha (alcancía) la parte faltante para que junto a su hijo consiguieran su primer auto. 

«Un Renault, color azul claro. No me voy a olvidar nunca lo que nos costó con mamá. No sé quién tenía más problemas, si el auto o nosotros».

Y así como no quiso la cosa, Fierrito tenía su primer auto. No el más caro ni el más lindo, pero si uno que era suyo. El que le había costado cada gaseosa que servía, o los platos que lavaba cada noche, o la mesa que sacaba todos los días.

Una gran mano

Con 21 años, Freddy recibió una oportunidad de oro. Gustavo Rodríguez le ofreció trabajar en su taller, ya que a los hijos de el «gordo» poco les interesaba. 

Fierrito trabajaba de 8 a 10 con Gustavo, y luego de 11 a 19 con su madre en el bar. Posteriormente volvía caminando 6 cuadras por calle Sarmiento para seguir de 20 a 23 en el taller.

 «El gordo me dio la mano que solo mi mamá me había dado, si él nunca me hubiera puesto bajo su ala, no sé qué sería de mi» 

A los pocos meses, y con 73 años, Gustavo sufrió un paro cardíaco y falleció.

 «Con una sonrisa, las manos negras y con la pava caliente siempre lista para el mate, así lo recuerdo, y lo voy a recordar siempre», dijo Freddy. 

Fernando y Jesús Rodríguez, hijos de Gustavo, se acercaron a Freddy y lo abrazaron durante esos 4 meses, ya que él mismo no podía ni pasar cerca del taller. 

«Huevo», como le decían a Jesús, hoy en día es prácticamente un hermano para Fierrito. Y junto a Fernando, tomaron la decisión de regalarle el taller. 

«Él era un hijo para mi viejo. Nosotros además, hubiésemos sido egoístas si nos quedamos con el taller. Teníamos un techo y nuestros trabajos. Además, el brillo de los ojos cuando le dijimos que se lo regalamos, es algo que solo en ese momento se puede ver»

El inicio

Con 33 años y 12 en el taller “El Gordo” (nombre en homenaje a Gustavo Rodríguez), Freddy comenzó a coleccionar vehículos. El inicio de un camino muy largo.

Empezó con un Chevrolet Impala Chevy de 1960, una Pick UP 220 D de Mercedes Benz, una Torino Se 78 y un Citroën Traction Avant.

Gracias a esta idea y a muchas inversiones realizadas en el taller, sumada a otras tantas, hoy es uno de los coleccionistas más grandes en Argentina, con un total de 58 autos.

Pero lo que más llamó la atención fue la venta de su auto más valioso en 1999 a una persona famosa (no quiso revelar la identidad).

Se trata de un Ford Mustang GT 5.0 V8 Coupe Convertible 1986 Manual, con un precio total de casi 3 millones de pesos. 

Dentro de los clásicos que posee, se destacan un Chevrolet Impala Chevy de 1960, un Ford Fairlane y un DKW F5. No solo están restaurados, sino que sus motores contienen piezas originales.

Entre los autos nuevos o modificados, saltan a la vista su BMW 3 Series (E46), Mercedes Benz W210 y una limusina Lincoln, que es utilizada para realizar servicios de cumpleaños de 15 y casamientos en Cutral Co.

Hoy con 68 años, Freddy tiene un objetivo claro: «quiero poder llegar a los 100 autos, tanto clásicos como antiguos, y que mis hijos lo sigan. Gracias a Dios, tengo la suerte de venir de una familia de bajos recursos, porque pude entender el valor de todo. Mis hijos hoy trabajan conmigo en el taller, y a mi mujer le apasionan los fierros, creo que al final todas las historias tienen un bonito final. Después de todo, tenía razón mi vieja, si querés, podés» .

Autor: Ivan I. Koritar