Una recorrida por Bordeu con una mirada diferente

Por Andrés Villar @avillar9

La cuestión es muy sencilla, te envían a cubrir la Exposición Rural de Bordeu y, desde el completo desconocimiento de lo que acontece y se vive, tratás de asimilar todo lo que tus sentidos pueden captar.

Voy a ser completamente sincero, no es que no sabía absolutamente nada. Estaba al tanto de que era en la Sociedad Rural, que ese mismo día era el remate de los animales presentados en el evento y que me iba a encontrar con la fauna tradicional del campo argentino: productores, empresarios rurales y otro tipo de personajes vinculados a este tipo de presentaciones.

Lo primero que uno se encuentra al arribar al lugar es una tranquera (no podía ser de otro modo), el típico acceso a los campos no puede faltar en el lugar que nuclea a su gente.

Entrando en Bordeu

Ni bien accedemos con mi compañera notamos el contraste entre cuestiones comerciales relacionadas con la ciudad mimetizadas en un contexto ajeno a su lugar de origen: foodtrucks, expendedores de cerveza, sitios de comida rápida junto a puestos de comida tradicional, el asador, las achuras y derivados de las pampas.

Al no conocer el lugar uno recurre a la intuición y, como miembro de la generación del 80 amante de lo Transformers, no queda otra que ir hacia donde están las máquinas agrícolas que le hacen rememorar a aquellos dibujos animados.

Al no conocer el lugar uno recurre a la intuición y, como miembro de la generación del 80 amante de lo Transformers, no queda otra que ir hacia donde están las máquinas agrícolas que le hacen rememorar a aquellos dibujos animados.

Las dimensiones son de otro contexto, parado frente a los brazos de un mosquito uno se vuelve diminuto, ni hablar de las cosechadoras y los tractores de última generación, cuyas ruedas superan la altura del humano promedio y lo empequeñecen a niveles impensados.

De rematadores y rematados

Mientras caminamos entre los “fierros” del campo, escuchamos una voz por altoparlante que parece estar a una velocidad que no condice con la serenidad que nos rodea. Decidimos ir en busca del sonido y, al acercarnos poco, detectamos un edificio que parece una especie de anfiteatro cerrado. Cuando ingresamos, lo primero que vemos es un grupo de gente agolpado frente a una especie de corral en la que están exponiendo una vaca. La voz que oíamos era del personaje encaramado al balcón frente a nosotros.

Decidimos subir a la tribuna que se encontraba a nuestras espaldas y disponernos a entender cómo trabaja la dinámica de lo que está frente a nuestros ojos. Está claro que estábamos en el remate de los animales de la exposición, el orador dice un precio: habla de 600 mil pesos al momento en que nos sentamos y chicanea a algunos en la tribuna: “ya sé que no tenés esa plata, pero mirá el porte que tiene” … está claro que conoce a los que tiene en frente porque los nombra por su nombre de pila y su apellido, todo en un tono muy familiar.

Remate del Gran Campeón Hereford

No alcanzamos a darnos cuenta qué señas le hacen desde la tribuna al orador y a aquellos que parecen ir observando a los ofertantes y pululan frente al corral, pero nos sugieren que están pujando por el animal, hasta que nadie muestra superar ese 650 mil…

Una vez que retiran al animal entra otro y la dinámica indica ser la misma, algunos son vendidos, otro no, pero queda en evidencia que el rematador sabe como hacer su trabajo, sobre todo cuando lleva una puja que parecía perdida a un monto muy por encima del que había bajado.

Analizando y procesando en la extrañeza

La situación es bastante extraña: gente con mucho poder adquisitivo observando cuestiones que escapan al ojo no entrenado y ofertando miles de pesos, entre olor a campo y la voz rítmica de nuestro rematador.

Cuando nos retiramos del lugar, en busca de otros destinos, se nos presenta nuevamente esa disyuntiva de contraste entre el campo y la ciudad. Tomamos la decisión de volver e ir a procesar todo lo vivido hace unos momentos.

Al día siguiente, se nos presenta la sorpresa al enterarnos que el ejemplar que estaban rematando al momento de entrar al recinto era el Gran Campeón Hereford y que éste había sido un récord para la exposición rural.

Estuvimos presente en el momento justo y en el lugar indicado sin saberlo… desde el desconocimiento y con contrastación en diferido, la suerte del principiante…. la suerte de la ignorancia.

Los campeones de Bordeu

  • Campeón Hereford $ 650000
  • Campeón Angus $ 350000
  • Campeón Corriedale $245000
  • Segundo premio Corriedale $300000