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Déjame galopar en libertad y seré tu mejor amigo

Entre la muchedumbre están ellos. Son rostros sonrientes y brazos abiertos. Su carpa sobresale del resto. Llena de almohadones, bolsas ecológicas, mates, almanaques, pulseras, abono para tierra. Todos conversan amablemente, mientras toman mate y le explican a la gente que se acerca de qué se trata su proyecto.

Villa Bordeu

 


No están solos. Los acompaña Noche, una yegua de edad avanzada y sin dientes. Todos quieren tocarla, mimarla, darle de comer. Es la única que no tiene el cartel «No tocar a los caballos porque muerden». Es tranquila, de gran porte y con una mirada que desborda pureza, como todos los caballos que rescatan.

«Nos habían pedido una yegua con potrillo porque a los niños les gusta eso. El jueves, que fue el día del ingreso de los animales, hubo mucha lluvia y la veterinaria nos recomendó que no lo llevemos por si le agarra una neumonía. Esto, sumado a que por un error del laboratorio no hicieron la libreta sanitaria, no los llevamos» cuenta Alejandra Gonzalez, fundadora del Centro Equino de Recepción y Recuperación, Nelquihue.

Sin embargo, Noche fue la sensación de La Rural. Su carácter manso y dulce, hicieron que fuera una gran atracción. ¿Quién dice que a los chicos solo le atraen los potrillos? ¿Quiénes difunden tan erróneo mensaje? La mirada adulta prejuiciosa y comercial quiere hacer creer lo contrario.

Marco vino a Bahía Blanca a hacer quimioterapia. Aterrado se acercó a la yegua pero su corazón no resistió tanta ternura. La acarició, la besó y se fue con una sonrisa. Solo eso bastó para hacerlo feliz.

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Visita a Villa Bordeu. Exposición en La Rural.
Noche recibiendo cariño por la gente que se acercaba a conocerla

«Los abolicionistas no estaban de acuerdo con nuestra presencia en estos eventos, pero en la práctica hay que educar en todos los lugares. Conversando con gente de campo, gente con la que tal vez no tiene el avance de otras doctrinas, en contra de lo que hacen con los caballos de carro, la tiene bien clara» comenta Alejandra.

Nelquihue se decanta solo. Un corcel es la única forma de que vos te vuelvas inhumano. Ahí esta la necesidad inmediata. Son intuitivos y perceptivos. No pueden convivir en lugares donde falta armonía, ellos absorben esa energía. Solo duran los apasionados.

En enero de 2015, cae una yegua atrás del mayorista Vital. Se recibe un aviso por parte del propio personal del supermercado que hacía dos días estaba empantanada y sin moverse. Luego de varios encuentros con la fiscalía se ordena el secuestro del animal. Se da aviso en las redes sociales de que se necesitaba ayuda para el traslado y comienzan a llegar familias enteras. «Los chicos se pusieron a hacerle sombra con cartones durante horas. Gente que jamás había visto en mi vida se acercó y aguantó horas al rayo del sol, en pleno verano a 40º. Esa imagen no me la olvido. Ese ambiente fue lo que generó a los que hoy son voluntarios. Eso es lo que hoy somos» relata Alejandra.

Angelita fue su nombre. Unió a un gran grupo de personas y dejó un alo de milagro. En el lugar donde murió, lleno de arena, creció pasto con forma de caballo. Dejó amigos, ganas de pelearla. Por cada uno que cae, levantar dos. Dejó una gran familia.

Nelquihue significa en mapuche cortar cadenas o libertad.  A cada caballo que ingresa, se le cortan las cadenas que trae y se cuelgan, para darles su nuevo bozal y nombre. Es el bautismo de una nueva vida.


Trabajo realizado por Valentina Podepiora