Un apasionado

Cuando estuve en el Salón de la Fama del Básquet… se me caían las lágrimas”

En una extensa charla, el entrenador de básquet Pablo Coleffi habló de todo: su pasado como jugador, sus vivencias como entrenador y las distintas experiencias que lo marcaron fuera de la cancha.

Un hombre de mil anécdotas y experiencias increíbles por todo el mundo. Con esa frase se podría definir a un personaje del básquet como Pablo Coleffi, quien trascendió las fronteras de nuestra ciudad como entrenador.

En la actualidad se encuentra lejos de las canchas, ya que da clases de Educación Física y Construcción de la Ciudadanía en escuelas, sin embargo es imposible separar su apellido del básquetbol.

Soy una persona a la que le gusta mucho el básquet. Dentro de diez días voy a cumplir 50 años, pero, como siempre digo, estoy en el básquet desde hace 51, porque cuando estaba en la panza de mi madre, ella iba a ver a mi padre jugar. Amo este deporte”, explicó “Pocha”.

Su pasión por este deporte y la tradición de su familia lo llevaron a dar sus primeros pasos como basquetbolista en el club Bahiense del Norte, aunque esa etapa de su vida no duró demasiado, ya que su carrera finalizó, sin proponérselo, a los 20 años.

Luego de esto, tomó la decisión de ser director técnico, una faceta que ya había experimentado en su vida.

Cuando tenía 14 años, un entrenador que dirigía en Bahiense, Alberto Celani, necesitaba un monitor para dirigir a los chicos. Como veía que yo jugaba de base, que ordenaba y que tenía ascendencia con mis compañeros, me llamó y me ofreció el trabajo. Así empezó mi carrera como entrenador”.

Y esa decisión marcó un quiebre en su vida.

La primera plata que gané, la ahorré y con eso a los 21 años pude ir por primera vez a Estados Unidos, donde fui a aprender básquet, a invertir y a ser mejor”, contó.

Ese viaje por Norteamérica significó el inicio de las aventuras de Pablo Coleffi alrededor del globo.

No obstante, esa no fue la única vez que visitó tierras estadounidenses.

Años más tarde volví a viajar a Estados Unidos. Allí, además de ver una final de la NBA entre Chicago Bulls y Los Angeles Lakers, fui al salón de la fama del básquet en Springfield, Massachusetts a agradecerle a (James) Naismith (NdR: el creador del baloncesto). Se me caían las lágrimas, no entendía como podía estar ahí”, expresó.

Además, se dio el gusto de recorrer Europa durante tres meses, en otra travesía muy significativa para su vida.
En el viejo continente pudo conocer familiares en la ciudad natal (en Italia) de su abuelo, convivió algunos días con Hernán Montenegro, y consiguió trabajo como DT en la ciudad española Málaga.

A los 22 años me fui a conocer Europa. Fue un viaje cultural y deportivo. A pocos días de volverme, me puse a leer una revista mientras esperaba un colectivo en Roma y encuentro un aviso que decía: ‘Clínica en Málaga’ y decidí ir. Cuando estaba haciendo la fila para inscribirme, me cruzo con un argentino que trabajaba ahí y le conté mis ganas de trabajar. En agosto de ese año me llamó y me fui para España a trabajar en unos campus de verano”, comentó
Agregó que “esos campus los compartí con gente que en mi vida imaginé que los iba a tener al lado, estuve con varias figuras del básquet europeo. Cuando terminaron, se hizo una fiesta de premiación y me eligieron como el mejor de los 42 entrenadores que había. Y al día siguiente, el presidente del Caja de Ronda Málaga (hoy Unicaja) me propuso empezar a trabajar en las categorías menores del club. Ahí empezó mi aventura europea”.

Su periplo malagueño duró dos años, ya que de vacaciones en nuestro país recibió una oferta tentadora y muy difícil de rechazar: el mismísimo León Najnudel le propuso ser su colaborador técnico en el club San Andrés, en la Liga Nacional.

Me contactó León Najnudel para ser su ayudante y decidí quedarme, nunca pensé estar al lado del mejor entrenador del país”, afirmó.

Tras un año allí inició su carrera como entrenador jefe en Mendoza de Regatas, para luego dirigir a varias instituciones de la máxima categoría del baloncesto nacional y hasta en Italia.

Por el momento, su aventura como director técnico concluyó en 2013 y en un lugar muy especial: Bahía Blanca, su lugar en el mundo.

Más allá de no estar en un banco de suplentes dando indicaciones y diagramando una jugada en una tabla, Pablo Coleffi sigue ligado al básquet, porque su amor por este deporte, ese que alguna vez lo llevó a recorrer el mundo y a hacer locuras, sigue intacto como el primer día en el que picó una pelota naranja.

Autor: Federico De Marco, tercer año – Periodismo Deportivo

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